El cine erótico
El erotismo, la sensualidad y la sexualidad han sido parte fundamental de la expresión artística desde los inicios de la humanidad, primero en la pintura y la escultura, y más tarde en el cine. A partir de finales del siglo XIX, el séptimo arte se convirtió en una vía privilegiada para representar lo íntimo de manera más “real”.
En 1896 se proyectó The Kiss, que mostraba por primera vez un beso en pantalla y escandalizó a la sociedad de la época, considerada entonces como inmoral. Más de un siglo después, la humanidad ha sido testigo de cómo el sexo ha sido retratado de acuerdo con el contexto social y cultural de cada momento.
Quizás los filmes más memorables surgieron a partir de la revolución sexual de los años sesenta, provocando controversia y, en algunos casos, censura. Recordamos El último tango en París (1972), que sigue siendo polémica hasta la fecha; Emmanuelle (1974), considerada un clásico del cine erótico europeo; o producciones estadounidenses de los años ochenta que integraron el componente sexual con el misterio, el drama o el crimen. Ejemplos de ello son Blue Velvet (1986) de David Lynch y 9 Semanas y ½ (1986) de Adrian Lyne. Más tarde, Basic Instinct (1992) se convirtió en un referente del género, difícil de igualar.
En este siglo, el abordaje de la sexualidad en el cine ha cambiado, dando lugar a obras como Secretary (2002) de Steven Soderbergh o La vida de Adèle (2013) de Abdellatif Kechiche, que buscan nuevas fórmulas para narrar historias ligadas al deseo. Babygirl es uno de los intentos más recientes por excitar a las audiencias contemporáneas, aunque con resultados cuestionables.
La historia
Romy (Nicole Kidman) es la CEO de una importante empresa transnacional. Tiene todo lo que aparentemente una mujer podría desear: un alto cargo directivo, un nivel socioeconómico envidiable y una familia de portada de revista con su marido Jacob (Antonio Banderas) y sus dos hijas adolescentes. Sin embargo, su vida sexual dista mucho de satisfacer sus necesidades, algo que su marido desconoce por completo.
La llegada de un nuevo grupo de practicantes a la empresa cambia el rumbo de su vida. Entre ellos se encuentra Samuel (Harris Dickinson), quien despierta la atención de Romy. Lo que comienza como un trato protocolario deriva poco a poco en una relación cada vez más extraña, en la que los roles de poder se invierten y ponen en peligro la estabilidad del mundo aparentemente perfecto de la protagonista.

Una nueva visión del sexo
Al observar los filmes eróticos de décadas anteriores resulta evidente que estaban construidos desde la llamada “mirada masculina”, con directores y productores que buscaban provocar, de manera sutil o descarada, excitación en una audiencia mayoritariamente masculina.
Ese impacto se lograba en parte porque el contenido erótico no era tan accesible como hoy, cuando basta un clic en el celular para encontrarlo. En consecuencia, es casi imposible que una película actual genere el mismo furor que provocaron aquellas cintas clásicas. Sin embargo, los directores siguen intentando ofrecer propuestas frescas.
Hoy es más común encontrar a mujeres dirigiendo este tipo de historias, con la intención de presentar una visión más segura, introspectiva y cercana al feminismo, narrada desde su propia perspectiva.
Halina Reijn, directora de Babygirl, busca adentrarse en las emociones y los impulsos de la protagonista, dejando el acto sexual en segundo plano. Lo importante no es lo que sucede en la cama, sino cómo Romy reacciona y las consecuencias que sus decisiones, guiadas por el deseo, tienen en su vida personal y laboral.
No obstante, este enfoque termina por debilitar al filme como thriller erótico. La mayoría de las escenas íntimas carecen de gusto, estilo e incluso de lógica. Al intentar mostrar sexo sin sexualizar, la película cae en una paradoja difícil de resolver. El suspenso nunca llega a sentirse real ni inminente y, como la misma sexualidad de Romy, la historia no alcanza un clímax satisfactorio.
Entre el ensayo y la ficción
Como ensayo intelectual, Babygirl podría rescatarse por su aproximación a las dinámicas de poder en las relaciones laborales e interpersonales. Sin embargo, la película no profundiza en los problemas emocionales de Romy, y mucho menos en los de Samuel, cuya actitud resulta poco convincente para justificar que una mujer con tanto poder se someta a él.

Nicole Kidman
Nicole Kidman es una de las actrices más representativas de su generación. Desde su llegada a Hollywood en los años noventa, ha construido una carrera ecléctica, explorando casi todos los géneros. La sensualidad ha estado presente en varios de sus papeles, pero resulta curioso que no se haya atrevido a tanto en el auge de su carrera y que lo haga ahora, con una historia que no la favorece en absoluto.
En esta etapa, Kidman parece atrapada en proyectos de streaming o en producciones independientes que no explotan su talento interpretativo. Su presencia otorga peso a Babygirl, pero no basta para salvarla. Ojalá encuentre pronto un guion que le permita brillar de nuevo.
En conclusión
Babygirl es una película que habla de sexo sin ser sensual. Intenta ofrecer una visión más realista e introspectiva de la sexualidad femenina, pero fracasa en su ejecución: no genera suspenso, no construye personajes convincentes y sus escenas íntimas resultan desprovistas de erotismo.
En un tiempo en el que la sobreexposición sexual es parte del día a día, la cinta desaprovecha la oportunidad de plantear una mirada crítica y transformadora del género. El resultado es un producto irregular que promete más de lo que cumple: un thriller erótico sin erotismo, y un drama introspectivo que no logra trascender.

Título: Babygirl
Año: 2024
País: Estados Unidos
Duración: 1h 54m
Directora: Halina Reijn
Protagonistas: Nicole Kidman, Harris Dickinson, Antonio Banderas
Disponible en: Amazon Prime