El Barrilete cósmico se ha ido.

El 25 de noviembre del 2020 fue un día inusual, en este panorama de pandemia e incertidumbre el mundo se sacudió por la muerte de un astro, un loco sagrado y un ser políticamente incorrecto.

Diego Armando Maradona falleció a la edad de 60 años en su natal Argentina por complicaciones cardiovasculares, según los primeros informes que dio su familia y medios oficiales de comunicación.

Esta leyenda del fútbol traspasó el tiempo para volverse un icono de la cultura popular y un referente para la historia universal y no exagero al afirmarlo, es un personaje tan poderoso como Mahatma Ghandi, Nelson Mandela o los mismos Beatles.

Fueron diversos acontecimientos históricos y políticos los que fueron construyendo el mito del futbolista, hasta elevarlo a un status de ídolo inmortal. En el momento correcto Maradona le dio muchas alegrías y hasta una clase de consuelo y orgullo nacional, a un país golpeado por la guerra de las Malvinas. 

Y es que en Argentina el fútbol es cosa seria, se vive y experimenta muy diferente de a como lo hacemos en México o en cualquier otra parte del mundo. En Argentina el futbol es religión.

La pasión desbordada era la característica principal del astro, solo hacía falta ver la locura con la que Maradona era espectador y aficionado de los partidos de su país o del equipo de su corazón, el Boca juniors. Estas emociones las logro transmitir a todos los aficionados del futbol en Argentina, traspaso las canchas y estadios de futbol, incluso a niveles preocupantes, un ejemplo de este descontrol se ve en las famosas barras, algo que se salió de control y el gobierno y los empresarios del futbol nunca supieron manejar. 

 Esa pasión ingobernable es la misma actitud con la que Maradona hizo su vida fuera de las canchas de futbol. Llevó una vida descontrolada, tuvo problemas serios por el abuso de drogas y alcohol, se volvió un animal nocturno, tuvo contacto con la mafia napolitana, su amistad con dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez desconcertaba a sus más fieles seguidores y en realidad son muchas las anécdotas negativas sobre él, incontables tal vez y aun así todo se le perdono.

Definitivamente Maradona dividía opiniones, pero si en algo casi todos los que disfrutamos de este deporte estamos de acuerdo es en que sí es probablemente el mejor jugador de todos los tiempos, un personaje que representa en todas sus dimensiones lo mejor y lo peor del mundo del futbol.

Que en paz descanse el barrilete cósmico.

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